lunes 29 de noviembre de 2010

Lana

Me sigo pisando los pies con esta historia, es como si en vez de avanzar a lo largo del hilo de la madeja, hubiera enganchado el cabo en mi pie y un gato rabioso lo hubiese enredado hasta marearse de dolor. ¿Cómo es posible que te quiera? ¿Y que te quiera tanto a pesar de que ni nos vemos, ni hablamos, ni nos parezcamos prácticamente nada? No soy capaz de entenderlo. No se por qué este alma enclenque se empeña en recordar varias veces al día a alguien que se acobarda cuando me tiene al lado.
¿Cómo puedo saber que no te harás el loco si trato de engancharte a mi ovillo? ¿Cómo puedo estar segura de que no fingirás olvidarme mientras yo no encuentro amoniaco capaz de borrar estas huellas?


3 antídotos antipánico:

Julia Delgado dijo...

A veces el hecho de no tener respuestas, es la respuesta.

SegundoPremio dijo...

Este tipo de caminos son inexorables, you know

Claire dijo...

Supuestamente los caminos del amor facilitan el andar, aunque en numerosas ocasiones lo entorpecen. El tiempo es quien dice que dirección debes tomar y cómo debes llegar.

Delirante nº

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